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¿Opinión Pública o Libertad de Expresíon?

Por: Guillermo Enrique Camacho Reyes

 

Vivimos en  sociedades con aspiraciones democráticas ingenuamente emuladas de nuestro big brother y vecino del norte. Pero realmente la democracia sigue siendo un paradigma contemporáneo que aunque parece funcionar, ciertamente arrastra consigo varios temas a discusión. Si partimos del principio que denomina a la democracia como aquél esquema en donde la voz del pueblo es la que vale, y es a través de esta voz que se determina las necesidades y soluciones de los integrantes de una sociedad, podríamos pensar la posible existencia de lo que actualmente se conoce como  ‘opinión pública’. Ahora bien, existe un fuerte debate en relación a la veracidad de este principio y las limitantes que existen dentro de este.

En el imaginario colectivo y abarcándolo de manera muy simple, la opinión pública hace referencia a la postura que la sociedad tiene frente a temas de interés general. Y pese a presentar un enunciado que intuitivamente se nos hace factible, podemos desde este punto ya evidenciar grandes vacíos estructurales. Por ejemplo: Cuando hablamos de sociedad ¿Nos referimos a la totalidad de la población o nos limitamos al porcentaje consensuado?    ¿Además, cómo, quién y cuándo, se determina cuales son los temas de “interés general”?

Una de las principales Teorías que tengo es que la gente llega a participar en este tipo de temas mediáticos por la sensación de poder participar (aunque sea de manera inculta) es poder incriminar algo o alguien. El ejemplo más claro es el de esta francesa que fue capturada en el 2005 y obligada a ser captada en un montaje realizado por Televisa. 7 años después fue dado a la luz que fue un montaje y por tanto toda la evidencia que tenían contra ella era totalmente inútil y debía tener un juicio justo. La gente respondió de muy mal gusto y desagrado por la injusticia que vivían y que solo por ser un caso internacional no podía quedar impune por sus actos (estar en la casa donde su novio era secuestrador y tenían a varias víctimas). Florance fue declarada inocente y liberada, la gente no lo podía creer y se creó un caos totalmente ridículo en el que la gente no sabía ni que decir pero como era un tema de la actualidad o de moda con el que podían manchar la reputación de varias personas (Florance Cassez, Loret de Mola, Televisa) estaban ahí duro y dale.

Investigué acerca del articulo “La opinión pública no existe” de Pierre Bourdiee, lo compararé con “La sociedad del espectáculo” de Guy Debord llegando a importantes sitacioones.

Descubrimos entonces que la opinión pública, desde su misma creación y limitándonos hasta ahora al aspecto técnico, responde a procesos estructurales que denotan cierta tergiversación. De otro lado, según nos explica Pierre Bourdieu en su artículo La opinión pública no existe.1973  “Las problemáticas que proponen las encuestas de opinión están subordinadas a intereses políticos, y esto pesa enormemente tanto sobre la significación de las respuestas como sobre la significación que se le confiere a la publicación de los resultados. La encuesta de opinión es, en el estado actual, un instrumento de acción política; su función más importante consiste, quizá, en imponer la ilusión de que existe una opinión pública como sumatoria puramente aditiva de opiniones individuales; en imponer la idea de que existe algo que sería como la media de las opiniones o la opinión media. La “opinión pública” que aparece en las primeras páginas de los periódicos en forma de porcentajes (el 60% de los franceses están a favor de…), esta opinión pública es un simple y puro artefacto cuya función es disimular que el estado de la opinión en un momento dado es un sistema de fuerzas, de tensiones, y que no hay nada más inadecuado para representar el estado de la opinión que un porcentaje.”

Es entonces la construcción de contenidos en obediencia a intereses particulares, ya sea del Estado, las corporaciones, o en conjunto, y la aceptación pasiva de la población lo que gesta la opinión pública. Y este factor resulta importante a la hora de analizar nuestra participación y responsabilidad social. La opinión pública se ha construido bajo parámetros posmodernos de mercadotecnia y consumismo. Es un producto plenamente estructurado que después de arduos estudios y estrategias es ofrecido a la masa para su consumo. Los medios de comunicación masiva han prostituido su finalidad informativa en favor de establecer el status quo, que intereses particulares, que irónicamente difieren mucho del grueso de la población, quieren imponer.

Suponiendo que para este punto aún demos fe de la existencia de una opinión pública “pura”,  o por otro lado, siguiendo con la deconstrucción total del concepto, debemos revisar la importancia que tienen los medios de comunicación en la construcción de esta.

Desde su misma concepción, los medios han servido como herramienta de control social por parte del Estado. Han sido la manera tal vez más efectiva de implantar valores de comportamiento, de estética, de consumo, etc. Con el paso del tiempo y la privatización mediática, intereses económicos de particulares civiles han entrado en juego. Así pues,  a través de los medios de comunicación se ha ido construyendo una subrealidad atractiva e influyente en la población. Ya no se requiere de estrategias agresivas como la propaganda nazi para la implantación de valores estéticos, ahora existen reallity’s show de modelaje, que de manera más sutil determinan lo que la “opinión pública” considera como bello o agradable.

Los medios nos venden la opinión pública como un espectáculo, en donde a través de escenarios ficticios se nos muestra el rompimiento de desigualdades y la conjunción de los opuestos. Son realidades alternas en las que se da soluciones a temas de interés general, y que precisamente son de interés general en respuesta a las necesidades de los productores.  “El carácter prestigioso de este producto cualquiera procede de haber ocupado durante un momento el centro de la vida social, como el misterio revelado de la finalidad última de la producción. El objeto que era prestigioso en el espectáculo se vuelve vulgar desde el momento en que entra en casa de este consumidor, al tiempo que en la de todos los demás. Revela demasiado tarde su pobreza esencial, que asimila naturalmente de la miseria de su producción. Pero ya es otro objeto el que lleva la justificación del sistema y exige ser reconocido” Guy Debord. La sociedad del espectáculo. (1967)

No vale la pena sentarnos a pensar cuánto daño Televisa nos ha hecho a través de sus novelas y sus noticiarios corruptos. Claro que es el primer paso, pero ciertamente no es el único. Antes de sentenciar definitivamente la inexistencia de una opinión pública debemos entender que estamos omitiendo un problema básico que por su esencia es irresoluble. Hablamos de opinión pública con pretensiones, tanto de una participación total de la población, así como de un acuerdo aceptado unánimemente. Y pese a que hemos comprobado que el mismo proceso está desarrollado en busca de generar cierto tipo de respuestas, y desde ese punto podemos descartar una libertad de expresión real, pues existe la necesidad de delimitar el contenido, también debemos reconocer que la idea de un acuerdo unánime es utópica e irreal.

Si bien podemos concebir el hecho de preguntar a todos y cada uno de los individuos de una sociedad, y suponiendo que no sufra de manipulación mediática, esta idea de un acuerdo total de la población va más allá de las posibilidades reales y en cierta manera atenta contra la idea de democracia.  El principio de la democracia no es el de la totalidad y la armonía. En todo caso hace referencia a la imposición de la mayoría sobre la minoría. En ese caso ¿Por qué pensar en una opinión pública como totalitaria, incluyente y unánime?

Si partimos entonces de la idea de que la opinión pública no puede responder a una totalidad incluyente y unánime, pero se defiende por motivos del bienestar social que trae, entendemos entonces a autores como Roussea y Herder. Para ellos es concebible una opinión pública en donde se delimita la libertad de expresión ciudadana a favor de una armonía y desarrollo social; en donde los medios posibilitan una comunidad más grande que la individualidad.

Pensemos que nuestro sistema adoptado de EU no lleva a un modelo imperfecto de opiniones basadas en prejuicios que solamente contaminan la imagen de México.

Si los valores de la gente cambiaran y en lugar de hacer prejuicios se pusieran a investigar y tener un argumento o comentario lógico y con fuentes verídicas se lograría lo que intenta ser la opinión pública: la voz del pueblo es la que manda.

Llegué a la conclusión que Televisa o Tv Azteca no son lo medios de información del todo correctos, desgraciadamente o de manera confidencial el internet puede tener más fuentes y razones verídicas que apoyaran al fortalecimiento del manejo de información. Creando así un momento en el que la mayoría de los mexicanos pueden estar informados de manera aleatoria y con las fuentes que vean se llega a varios puntos de opinión que se pueden llegar a debatir con un proceso formal.

Finalmente llegamos al meollo de todo. ¿Vale la pena sacrificar la libertad de expresión a favor de mantener los valores y el pensamiento que se nos han impuesto a través de los medios y su construcción de la opinión pública?

Como ciudadano y tristemente como comunicólogo tendría que decir que sí. Y aunque es contraintuitivo, y ciertamente transgrede muchas cosas en las que creo, comprendo que el sacrificio de la libertad de expresión a nivel social es necesario en pro de una estabilidad, ilusoria y ficticia, incluso  sumamente vulnerable, pero estabilidad finalmente.

Como consuelo me queda pensar en el internet como ese medio anárquico, esa promesa hacia el futuro, que pese a que está empezando a sucumbir frente a este círculo de intereses y realidades ficticias, también, tal vez de manera ingenua o idealista, parece vislumbrar un camino de escape  a un mundo de posibilidades menos supresoras.

Cuando el internet se asiente definitivamente como un medio y deje de ser exclusivo de una fracción de la población, y encontremos en este las posibilidades de una opinión pública más real, surgirá de nuevo este tipo de cuestionamientos, con la diferencia de que en ese entonces no serán solo especulaciones, si no realidades a cumplirse; y veremos entonces si la sociedad está dispuesta a una libertad de expresión total en sacrificio a una estabilidad, o una anarquía individual suprema, sin límites y sin la necesidad de una opinión pública.

 

Bibliografía:

Pierre Bourdieu. La opinión pública no existe. 1973

Guy Debord. La sociedad del espectáculo. (1967)

 Elisabeth Noelle-Neumann.  La espiral del silencio, Gedisa, Barcelona, 1992.

http://www.sdpnoticias.com/nacional/2013/01/23/video-loret-de-mola-admite-montaje-en-televisa-en-caso-cassez-7-anos-despues

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